martes, 6 de junio de 2017

Ixodidae, lo lograron

La garrapata
Fue el jueves pasado. El martes y el miércoles estuvimos en el campo, entre hierbas, matojos y animales. Pero no, tuvo que ser en la ciudad, o pueblo, no lo sé, ya que creo que la estimación de habitantes última es de menos de 20.000 habitantes en Barañain. Por cierto, que el otro Crispis, las tres garrapatas que se le pegaron, fueron en la Vuelta del Castillo, en Pamplona.
 
Precisamente, el día anterior le había bautizado con una de las habituales pipetas de Frontline, que valen para todo, según se anuncian. Discrepo de las personas que le hacen deglutir a su amigo una pastillita con una duración efectiva, o eso dicen, de tres meses. Como si no les diéramos ya el suficiente veneno en la piel, se lo hacemos tragar. Manías para todos, pero yo, la pipeta.
 
Esa tarde fui, por primera vez en muchísimos años, al pipican próximo para acompañar a Sky -ya lo conoceréis, ya-, para que pudiera corretear un rato. ¡Y vaya si corrieron! Terminaron agotados. Hacía un bochorno espantoso, y acababan de cortar la hierba reseca del lugar. Hasta yo olía el amoníaco de los orines, que ya es decir. Es de vergüenza, como tantas y tantas cosas por aquí. Cómo se puede obligar a llevar allí a os perros si los quieres soltar, y no se ha desinfectado ni una sola vez desde que se creó.
 
Así que, al llegar a casa, como cada día y más si hemos estado en lugares en los cuales abundan las garrapatas, le pasé la mano varias veces y le palpé todo su cuerpo mientras Krispys, muy serio él, ni se movía. De repente, noté un puntito diminuto en mitad de la cabecita, y lo primero que pensé fue que Sky le había clavado uno de sus dientes de leche, y creado una postillita. Mas mi instinto me obligó a mirar mejor, y tras separar pelos una y otra vez, la vi: La garrapata malvada. La de la foto.
 
Se movía, así que todavía no se había incrustado. Era pequeña, pero yo cabezón. Tras varios intentos conseguí coger a la muy esquiva, envolverla en un pañuelo de papel, y asarla sin piedad. Es que son difíciles de matar. Después coloqué a Krispys encima de una toalla blanca y lo cepillé intensamente con su cepillo favorito, y no cayó nada a la toalla. Menos mal. Así que ya hemos iniciado la temporada, y deseo que sea su primera y última garrapata. Ya ha aprendido la lección, y espero que no se deje atrapar por ninguna más, Agh, qué asco me dan.-
 
 

miércoles, 10 de mayo de 2017

A veces se avergüenza y humilla

Y otras...
¡Que me den por el saco!
 
 

Así es, el ya no tan pekeño Krispys. Está pasando una tardía adolescencia en la cual surge en la calle el fiero terrier que acecha desde su interior, vigilante aunque compasivo. Y digo compasivo porque cuando se le vuelven, gira el compás y, para no masacrar al otro perro, opta por una desvergonzada huida, con celeridad y desparpajo. Para nada abochornado.


 
 
Además, cuando ha hecho algo que no me gusta y le llamo, a veces suave y a veces gritando, ejem, agacha orejas y rabito y se me acerca pasito a paasiiiitoooooooooo, despacio, mirando de reojo y humillándose sentado a mi lado, poniendo esa carita de santo que afloja la tensión del momento.



 
Pero otras, en las que ÉL sí considera que ha hecho lo correcto, sí que se acerca cabizbajo, mas no despacio, se sienta sin agachar el cogote y me mira como diciendo: "¿Has acabado? ¿Me puedo ir ya? Da igual, me voy." Y se va todo tieso, fino y elegante, dejándome con la boca cerrada y con miedo a que se me escape  una carcajada y no me vuelva a tomar en serio.
 
Dichosos yorkis. Al final, tan amigos, o eso creo.
 

 

viernes, 24 de marzo de 2017

Iturissa : Pal pelo

Krispys, revoltoso y revolcón
 
 
 
 
Dicho y hecho:  Disfrutamos de un hermoso paisaje y durante unos cientos de metros, a diferente ritmo, no logramos encontrar un paso por la vaguada. La "v" la debería llevar sólo en verano ya que el agua del deshielo y de las lluvias corrían por su parte baja en una anchura de 10 - 15 metros. Así que media vuelta. Krispys no estaba muy conforme, y ya planeaba su venganza.
 
De repente, en una de esas gracias que tanto nos hacen reír, le dio por hacer una de las suyas.  Ya había olisqueado alguna vez y lo único que esperaba era tomárselo con tiempo. Además, lo hace a menudo en cualquier sitio. Y cuanto más sucio, mejor:
 
 
Por fin me animé a cruzar la vaguada por un lugar más estrecho, y me di cuenta de que no me había puesto las zapatillas de Goretex. ¡Qué fresquita estaba el agua!
 
 
Por fin, llegamos a una alambrada que franqueamos moviendo el poste de la puerta, y mientras, le animaba y ya bufaba para hacerle pasar, tuvo la gran idea, cómo no, de pasar por entre las líneas de alambre a unos 10 metros de donde yo estaba, con cara de muy pocos amigos. Cerré la cancela, continuando por el hermoso prado y de repente, ¡un toro y varias vacas! Krispys no conocía estos bichos y no había manera de seguir por un camino, así que me dí la vuelta y ahí lo dejé, ya harto de llamarle. No se le ve pero os aseguro que está en la foto, allá al fondo.
 
Mientras, como buen táctico, ya había adivinado dónde ir en caso de que el toro, que se giraba a mi paso, me asaltara: en la portada de la prensa, claro.
 
Como era de esperar, Krispys apareció corriendo, con esa carita de "ya me las pagarás". Cruzamos otra alambrada y ya nos acercamos al pequeño cerro donde está el enclave, junto a unos abetos. Unos cientos de metros más y llegaríamos a nuestro objetivo: Iturissa.
Adiós a la última alambrada, llegamos al cerro y nada, no había nada. Alguna zona algo más despejada de abetos con pinta de haber sido removida pero con mucha hierba, lo que me inquietó. Hartos, comenzamos a volver y nos encontramos con dos habitantes de lugar que se habían acercado a su finca a realizar algún trabajo.
 

Les mostré mi perplejidad y entre risas me comunicaron que sí, que ahí está Iturissa, pero que tras excavar, tomar datos y un largo etc, la habían vuelto a enterrar. Pues vaya, Media vuelta y realizar el camino a la inversa. Con una variante. Krispys ya no tenía miedo de las vacas, y no tuvo mejor idea que pararse y ladrar al toro. Estoy convencido de que lo provocaba para que me atacara.

En fin. Aquí acabó la aventura. Volveremos este año, que se va a realizar otra prospección interesante, pero al otro lado de la carretera. Mejor, a una decena de metros de la misma o poco más.
Hasta entonces.