viernes, 24 de marzo de 2017

Iturissa : Pal pelo

Krispys, revoltoso y revolcón
 
 
 
 
Dicho y hecho:  Disfrutamos de un hermoso paisaje y durante unos cientos de metros, a diferente ritmo, no logramos encontrar un paso por la vaguada. La "v" la debería llevar sólo en verano ya que el agua del deshielo y de las lluvias corrían por su parte baja en una anchura de 10 - 15 metros. Así que media vuelta. Krispys no estaba muy conforme, y ya planeaba su venganza.
 
De repente, en una de esas gracias que tanto nos hacen reír, le dio por hacer una de las suyas.  Ya había olisqueado alguna vez y lo único que esperaba era tomárselo con tiempo. Además, lo hace a menudo en cualquier sitio. Y cuanto más sucio, mejor:
 
 
Por fin me animé a cruzar la vaguada por un lugar más estrecho, y me di cuenta de que no me había puesto las zapatillas de Goretex. ¡Qué fresquita estaba el agua!
 
 
Por fin, llegamos a una alambrada que franqueamos moviendo el poste de la puerta, y mientras, le animaba y ya bufaba para hacerle pasar, tuvo la gran idea, cómo no, de pasar por entre las líneas de alambre a unos 10 metros de donde yo estaba, con cara de muy pocos amigos. Cerré la cancela, continuando por el hermoso prado y de repente, ¡un toro y varias vacas! Krispys no conocía estos bichos y no había manera de seguir por un camino, así que me dí la vuelta y ahí lo dejé, ya harto de llamarle. No se le ve pero os aseguro que está en la foto, allá al fondo.
 
Mientras, como buen táctico, ya había adivinado dónde ir en caso de que el toro, que se giraba a mi paso, me asaltara: en la portada de la prensa, claro.
 
Como era de esperar, Krispys apareció corriendo, con esa carita de "ya me las pagarás". Cruzamos otra alambrada y ya nos acercamos al pequeño cerro donde está el enclave, junto a unos abetos. Unos cientos de metros más y llegaríamos a nuestro objetivo: Iturissa.
Adiós a la última alambrada, llegamos al cerro y nada, no había nada. Alguna zona algo más despejada de abetos con pinta de haber sido removida pero con mucha hierba, lo que me inquietó. Hartos, comenzamos a volver y nos encontramos con dos habitantes de lugar que se habían acercado a su finca a realizar algún trabajo.
 

Les mostré mi perplejidad y entre risas me comunicaron que sí, que ahí está Iturissa, pero que tras excavar, tomar datos y un largo etc, la habían vuelto a enterrar. Pues vaya, Media vuelta y realizar el camino a la inversa. Con una variante. Krispys ya no tenía miedo de las vacas, y no tuvo mejor idea que pararse y ladrar al toro. Estoy convencido de que lo provocaba para que me atacara.

En fin. Aquí acabó la aventura. Volveremos este año, que se va a realizar otra prospección interesante, pero al otro lado de la carretera. Mejor, a una decena de metros de la misma o poco más.
Hasta entonces.


 
 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tratamiento de belleza: pelo de Krispis ¡resplandeciente!

ITURISSA
 
Estos días pasados, diferentes periódicos locales y algunas publicaciones de alcance nacional, hablaban del Yacimiento romano de Iturissa, próximo a Roncesvalles y parada obligatoria en el paso de Roncesvalles, por la vieja calzada pirenaica. La noticia era el comienzo de nueva prospecciones y que se dejaría a la vista 4 ó 5 Km de calzada.
 
Así que aprovechando una tarde excepcional, de sol radiante y más de 23º en destino, bajamos a por el coche y por equivocarme llegamos daño un pequeño rodeo: Corto en kilómetros y eterno de curvas. No me importó, porque mucho tramo era viejo recorrido de bici y moto, y de paso conocí el pantano de Itoiz, que ya era hora.
 
Llegamos a destino, aparcamos en la abandonada gasolinera y nos dispusimos a dar un rodeo ya que el acceso desde la carretera es imposible, a causa de un pequeño río que hay que cruzar.
Krispys, feliz, corriendo por todos los lados en la pista de tierra por la que caminamos un ratito, antes de encontrar el primer obstáculo: El paso hacia los abetos que se ven al fondo a la izquierda, donde está Iturissa, cortado por una retención de agua, bastante profunda. A los lados el corte del río y alambradas. Imposible el paso excepto para el 4 patas, que no se sumergió mucho, todo hay que decirlo.
 
 
Y después de este infructuoso contratiempo, decidimos continuar por la pista a la espera de encontrar un paso franqueable, entre rodadas de vehículos llenas de agua y barro, y otras cosas.
 
Pero eso... es otra historia (continuará)

 
 

domingo, 5 de febrero de 2017

Menudo fiera, este Krispys

El Doberman
Ya os he contado más de una vez que valiente, lo que se dice valiente, no lo es. O tal vez no me lo parece, ya que Krispys tiene la fea costumbre de asustarse ante cualquier ruido o cualquier objeto que le parezca nuevo, aunque haya estado 2 meses ante sus ojos. También es verdad que en muchas ocasiones ha defendido a sus amigas ante algún perrito. O perrazo, que de todo hay. En fin.
 
Sin ir más lejos, esta mañana fría, lluviosa, tormentosa, ventosa y pletórica de aburrimiento, al bajar del TestaCorsa, he sufrido un nuevo episodio de esos tan frecuentes y desagradables: Mareo, ya sea debido al nervio Vago, bajada de tensión o lo que le de la gana. A mí me resulta indiferente: Me agacho para no caerme y que mire el que le de la gana y como le de la  gana. Desaparecen enseguida. Puedo con ellos, jijiiii
 

Que me desvío. Pues bien: Mientras yo estaba imitando a las ranas, se ha acercado un doberman (cachorro, como 10 veces mi pequeñín) y Krispys ha intentado huir. Sin conseguirlo, por supuesto. Poco a poco se han acercado, olfateado y comenzado a jugar. Sin embargo, como era de esperar, algún zarpazo cariñoso le ha debido hacer daño y ha venido a refugiarse entre mis plegadas rodillas.
 
No obstante, en una de esas rondas que efectuaba el Doberman a mi alrededor buscando a Krispis, se ha acercado mucho a mi figura agachada y protectora, y me ha empujado y desplazado. Inmediatamente, SúperKrispys ha surgido veloz y feroz, enfrentándose sin mesura al Doberman, con esos ladridos amenazadores y lanzándose sin piedad con un objetivo muy claro: Defenderme. Y lo ha conseguido, por supuesto. Hasta lo he tenido que contener, muerto de risa.
 
Y así se ha terminado su aventura, y el orgullo me ha llenado porqué, como es habitual en los perros, son capaces de defenderte sin tener en cuenta las horribles consecuencias que pueden traer dicha acción.

 
P.D.
Aunque pensándolo bien...
mmmmmm...
como íbamos ya a comer...
mmmm...
Seguro que pensaba que si me pasaba algo
se quedaba en ayunas.
¡Voy a aclararlo ahora mismo!