domingo, 29 de noviembre de 2015

Sus nuevos amigos

Piluco Chumari

El otro día vino a casa desde Orrius un nuevo amiguete para Krispys y para mí, acompañado de su fiel  y entrañable PiluKrispys. Ambos hicieron un buen viaje gracias al esmero que tienen en su casa, Pilucas, para que todo transcurra sin incidentes.

Aunque muy celoso en un principio, muy pronto se dio cuenta de que no debía hacer daño a Piluco, y mucho menos a su mascota: Van a vivir en nuestro hogar, que desde ahora también es el suyo.  De momento les tolera ya que no les dejo jugar con él a su manera, y eso nos está produciendo caras de enfado. Que se aguante.
No hemos podido salir mucho con estos días lluviosos y muy fríos. Únicamente el viernes nos acercamos hasta El Paseo del Arga, lugar en  el que hicimos alguna foto.

Krispys mostró su enfado y se dedicó a perseguir a todo lo que llevaba 4 patas y una correa, haciéndose el remolón cada vez que los quería sacar juntos, hasta que de pronto se le acercó traidoramente; menos mal que sólo mostró curiosidad, el                                                                          muy ladino.

Y así pasamos un ratito, disfrutando del solecito, del rumor de la corriente en la presa, y de unos amigos que se acercaron para ver si les invitábamos a comer, algo que no pudimos hacer pues carecíamos de comida para darles. No obstante, hubo gente que si les dio alimento, y se pusieron contentos y cantarines.


Y ahora estamos en casa después de un corto y rápido paseo. Se han sentado juntos pero me temo que no hay empatía. Emoción sí, pero de ese tipo d emociones que puede dar más de un disgusto.


sábado, 7 de noviembre de 2015

Un año juntos

Unidos

 
Hoy, 7 de noviembre de 2015, nos encontramos con Rosa Vaquero en San Sebastián de los Reyes a fin de acoger en nuestra familia a Krispys de Vaquecan. Llegaba de otra familia que le quería y le mimaba, y sobre mis rodillas llegó a Barañain, durmiendo, soñando y suspirando. Casi tanto como yo y, me atrevo a decir, como mi hermana.

Un año de compañía, de educación y responsabilidad mutua, de cariño, complacencia, momentos felices, muchos momentos felices... algún susto, cómo no. Un año de aventuras, risas enfados, en el que ha ido desarrollando su fuerte físico, con esas patas largas, y también su carácter, fuerte y desafiante, aunque intensamente obediente, a pesar de esos momentos tan abundantes de miedo.

Pienso, banquetes... fruta, carne, verdura, legumbre, pasta, todo le sienta bien. Nos acompaña y disfruta; cuando hemos comido en algún restaurante, en la calle, se ha comportado, refugiándose y envolviéndose a mis pies.
 
No se me olvidará nunca su primer y único día en la playa, hasta el momento. Cómo corría, se revolvía, jugaba en las olas, girando y retorciéndose ante el empuje de las mismas, pero sin soltar el palo de la boca, por supuesto
 
Cómo he llegado a depender tanto de una compañía fiel, que está pendiente de mí, de mi estado de ánimo, que intenta consolarme en todo momento. Con esa mirada, que se convierte en agónica e inconsolable en esos escasos momentos en que he tenido que dejarle sólo, lo que no le impide mostrar su enfado.
 
Será mi último perrito. Su ciclo de vida terminará cuando yo haya alcanzado una considerable cantidad de años y, hoy por hoy, ya no me veo con fuerzas en esos lejanos días. Por ello es tan especial (como lo han sido los demás): Llegó tras unas terribles pérdidas y ningún otro me consolará cuando nos deje.
 
Dependo de él, y no me avergüenza decirlo: Su actitud, su energía, su alegría, su dependencia de mí me ayudan a sobtellevar el día a día, a veces el momento tras el momento. Un año con un principio complicado que dio paso a una euforia inusitada y que con el paso del tiempo me ha devuelto a la realidad.
 
Sin embargo, mi esperanza está puesta en la próxima primavera. Por mi familia, amigos, por Krispys, por mí.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Regateando

Unos vídeos de pelotas y latas


Hoy me voy a dedicar a poner unos cuantos vídeos. Es que estamos muy vagos: La lluvia y la oscuridad no son muy buenos acompañantes ni consejeros. Al menos, hoy no.

A Krispys le encanta jugar con la pelota, pero todavía más le gusta que juegues con él. Incansable, una y otra vez recoge con su boca la pelota, o la cajita, y la deposita a sus pies o directamente en su mano.


Y recalco lo de "su" porque si está José Antonio, Óscar, o Mª Antonia, Pili, o cualquier otra persona, a quien no se la entrega, ¡es a mí! Menudo sinvergüenza, el pekeño. Pero si están Maite y Paula, ya no hay dudas: A ellas se la lleva y, por si fuera poco, por riguroso turno.
Le encanta el regate y ahí debo reconocer que estoy perdido. Como intente uno, lo único que conseguiría es levantarme rápido del suelo y disimular ante la gente que espía desde la ventana.
Los reyes en este ambiente son Óscar y José Antonio, que consiguen engañarle y animarle más que a Osasuna, y amaga y ladra sin descanso, hasta que por fin sale como un rayo a por la pelota.

Y luego nada como unas cervecitas para refrescarse.

Ahora lo que estamos intentando es que mejore su remate de cabeza. Cuando lo logre, lo celebraremos de la mejor manera: Metiendo algún gol en uno de esos locos remates.



miércoles, 28 de octubre de 2015

Explorando el territorio

Buscando las ruinas de Santa Criz
Hasta el Capitán Tan lo haría mejor.
Pues sí, pues sí. Menudo trío que me ha  tocado. Ale, a ver las ruinas romanas de Santa Criz  con el tiempo tan oscuro y nublado, que no prometía nada bueno. A pesar de mis protestas en el coche, que el simpático compañero que tengo, que dirigía la expedición imitando, y mal además, a su recordado Capitán Tan se encargaba de acallar, legamos a Eslava, punto inicial de la aventura arqueológica.

Ayudados de una magnífica visión del terreno a invadir, con un plano y un detallado escrito del recorrido a seguir, nos internamos por un paraje hermoso, rodeados de vides de color dorado y fuego, con los olivos poblando cada lugar, extensos terrenos dedicados al cereal preparados ya para su inminente siembra. Y pistas de tierra, muchas, demasiadas pistas para estos tres despistados.

Yo, callado y advertido (también divertido), seguía callando a pesar de que mi fino olfato ya había localizado el lugar. Pero donde manda amo... ya se sabe. Resumiendo: Tras mucho  rebuscar, leer y otear, dieron con la mejor solución que se les ocurrió: Preguntar a un agricultor que afortunadamente pasaba con el tractor por allí.

Este, divertido, señaló justo al lado contrario al que nos dirigíamos y rápidamente retornamos a Eslava, pero el capricho del destino y el buen hacer del conductor nos situó en Lerga, un pueblo muy bonito. Paramos a comer en el frontón ya que llovía un poquito. A uno que yo sé se le olvidó mi comida, y tuve que conformarme con tortilla de patata y jamón. Ni que se tomaran en serio todo lo que nos informan estos días sobre la carne. Si se creen que voy para vegetariano, están muy equivocados.

Correteé por el frontón y alrededores detrás de una chapa de cerveza, y luego paseamos por el pueblo, disfrutando por sus calles y de la charla que mantuvieron con un vecino que, casualmente, comparte un conocido con Chumari, aunque de otro pueblo diferente. Casas limpias, con un elaborado trabajo de cantería, cuidado, bonito lugar donde residir y, por que no, retozar a gusto.


Después acabamos en Sangüesa-Zangoza. Qué cantidad de iglesias. Más que en Pamplona, aseveraba él. Lindos edificios, mucho coche, y por si fuera poco echándome la culpa porque no podían entrar a ningún lado a tomar un café. Al fin, una mesita en la calle fue nuestro destino, en pie, y con la inestimable colaboración del tormentón que cayó, mi pareja se tomó un café con leche todavía más aguado que cuando llegó a la mesa.




Yo, serio, conteniéndome apenas la risa, me refugié rápìdamente en el zaguán, mientras el jefe intentaba ponerse un impermeable de esos que caben en el bolsillo y que al llegar a casa terminó en la basura.  ¡Qué espectáculo!

Y más tarde volvimos a Barañain, donde Maite y Paula me esperaban para hacer realidad nuestros juegos del martes, corriendo y corriendo sin descanso, no sin antes descansar, arropadito, durante el viaje.

Una cosa me preocupa. Han afirmado, muy serios, que volveremos a Santa Criz. Espero coger la gripe ese día.




martes, 20 de octubre de 2015

Chupóptero

Krispys, mon amour

La verdad es que llevaba varios días pensando en el contenido de un nuevo post y ya lo tenía perfilado y todo. Sin embargo, vete a saber por qué, ha volado y no sé dónde porras se ha escondido. Pero Krispys se merece que dedique uno a su estimada faceta de perrito cariñoso. Cariñoso en extremo, y lo demuestra con sus continuos lametones.

Si no eres conocido suyo, olvídate de ellos. Y si lo eres, vete pensando que tal vez no seas de su agrado. Dependerá del PH de cada uno, porque si no, no sé a qué raro estímulo puede deberse.

Y si eres de la "casta" elegida para sus carantoñas,resulta imposible que te sustraigas a las mismas. Su gran afición por demostrarte su cariño le lleva a lamerte las pestañas (es que hay que cerrar los ojos, porque si no...) y las cejas: Primero un ojo -preferentemente el derecho- y después el otro, con dedicación y constancia.

Y a la que te descuidas también te limpia las orejas, para lo que se esfuerza por encima tuya, escalando al respaldo del sofá, tomándote por sorpresa en la cama... Y cuando tardo en despertarme no hay problema: Me avisa de la hora y ya me levanto con toda la cara lavada.

A mi madre y a Mª Antonia les asalta, literalmente, y las pisotea con descaro y sin ningún rubor para lograr su objetivo auditivo, y éstas se muestran encantadas de ello, animándole en ocasiones.

Cariño, amor, pasión, entrega, respeto, juego,, compañerismo, confianza, lealtad, confidencias, humedad... Mucha humedad. Todo esto y más significan sus lamidos.

Incluso cuando le riñes de cerca y se humilla bajando las orejitas y la cabeza, tiene un repente, y en un momentito ya ha estirado el cuelo y alcanza a lamerte tímidamente la nariz, con lo cual no puedes menos que reírte y dar por terminada la regañina.

Luego, o antes, ves en la calle, en la plaza, en el parque, que se acerca a sus amigos, grandes y pequeños, corriendo, caracoleando, saltando, dándoles besitos en el hocico y acercándose para lamerles también las orejotas y olfatearles... bueno, olfatearles, sin más.

Y no tengo más remedio que pensar: Este pilluelo, ¿nos quiere de verdad o nos está tomando el pelo? ¿Será, como le gusta calificarle a Rosa, un canalla?

Noooooooooooooo!!!!! Es un cielo. Nos quiere, y nos demuestra de esta manera, y de otras también, su cariño.



miércoles, 7 de octubre de 2015

Qué ironía

















El collar y  la correa

Sí,sí, es verdad, Y si no os lo creéis, esforzaos un poco en pensarlo y,... ejem... tendréis que darme la  razón.

Seguramente desde su nefasta creación, ambos elementos son constitutivos de una idea asociada a sufrimiento y cautividad, duelo y dolor. Desesperanza.

Sin embargo, para nuestros pekes es símbolo de alegría y lealtad. Sea el momento que sea: durmiendo, aburrido, jugando sólo o conmigo en uno de sus más divertidos momentos, la sola visión y a veces, mención de "vamos" o "ponerte el collar"  hace que su expresión cambie. Krispys eriza las orejitas, crece en su tamaño y viene corriendo, salta, da vueltas. Y todo para ponerle un collar que para él es un símbolo de alegría y  libertad, ya que significa pisar la calle.

Así que le pongo el collar y al llegar a la puerta y girar las llaves es su momento más saltarín y crujiente, ya que con sus saltos patea la pared, habiendo conseguido darle ya una cierta tonalidad más oscura y bastante punteada.

Le ato con la correa antes de salir, para lo cual se queda quieto, y...¡a la calle! Olfatea, se apresura, levanta la patita unas 400 veces y se acomoda a mi marcha durante el paseo, a no ser que quiera seguirle  en un deambular errático.

También el momento de liberarle de la correa es un momento de entusiasmo, ya que lo primero que hace es correr unos metros antes de mirar a su alrededor. Y si le animas con un "¡corre, corrre!" para qué os voy a contar. Se le nota la juventud, se le nota.

Inspecciona su territorio antes de venir a por "su" pelota y jugamos con él. Bueno, más bien juegan con él Fermín, Aitana y Míkel, con los que comparte horas sin detenerse apenas; Mª Antonia, José Antonio (huy, con José Antonio), Pili, Óscar, Ana, Maite (que cualquier día de estos lo cogerá entre sus brazos y nos sorprenderá), todos son sus compañeros de juego, sin olvidarnos de la pareja formada por Maite y su amiga Paula, con las que disfruta muchísimo. Y también con Marisa,  claro. Y hasta conmigo, si no tiene más remedio.
Después, cuando por diferentes causas termina el momento de los juegos, viene a mi llamada, ahora sí, rezongando más o menos, y se deja atar para comenzar un paseo ya que por lo general se le ha olvidado evacuar lo suficiente.

Y así, atado con el collar y sujeto por la correa, camina feliz, divirtiéndose observando y olfateando todo, atento a los que pasan, acercándose a unos y alejándose de los más, porque el mieditis no hay quien se lo cure.


Por fin regresamos a casa, y el hecho de quitarle el collar da lugar a una nueva alegría incontenible, a la cual me uno de mejor o peor humor; sin embargo, acabamos juntos: o encima de la cama, o él encima del sofá y yo por los suelos.

Y ahora preguntaos: ¿Es o no es irónico que un collar y una cadena sean tan festejados? Seguro que sí.

Krispys, 6 de octubre de 2015. Barañain.







viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Derecho a pataleo?

¡NO, Señor!


Pues resulta que el señorito es muy cariñoso, amable, bla, bla, bla... Sin embargo también  se gasta un humor endiablado. Me explico y me expreso, y con suerte me "desestreso".

Ya sabéis que hay ocasiones en que hay que dejar al perrito en casa, y reconocen perfectamente tus gestos, tus miradas de reojo, la ropa, las llaves... Y va agachando las orejas y poco a poco comienza a alejarse de mí  y entristeciendo su mirada te suplica que:  ¡No, por favor, otra vez no! 

Y yo, claro, desesperado y pesaroso. Actitudes que cambian cuando me acerco para darle una animosa caricia para decirle que vuelvo enseguida. Y aquí se produce la transformación. Aparece Mr. Hyde y Krispys es sólo un recuerdo cercano.

No hay forma de acercarse: huye rápido. Más bien quiero decir que se mueve bastante más rápido que yo, torpe recurrente. No le puedo atrapar; zigzaguea mejor que un esquiador y su semblante se transforma.
Ya no está triste, está furioso, y nos despedimos sin hablarnos, o con alguna amenaza del tipo: "Ya verás cuando vuelva, ya".
Y ya lo creo, Pero el que veré seré yo, porque si no lo veo, allí me zambullo con mis pies descalzos. ¿Qué ha hecho el muy ladino y rencoroso Mr. Hyde?  Pues nada más y nada menos que liarse a patadas con su plato de agua y esparcirla alegremente por el suelo.


¿Y qué puedo hacer yo?  Nada, absolutamente nada, ya que quien me recibe en la puerta es Krispys, que ha dejado a Mr. Hyde escondido en algún rincón, esperando su vuelta. Y no lo ha hecho ni una, ni dos, ni diez veces, no.  Al principio, creía que era yo, en uno de esos soberanos despistes que tan propios son.  Hasta que un día le vi después de haberle reñido. Allí fue, tieso, y plis, plas, zas.... splash!!! Adiós al agua.

Y no me puedo quejar, porque si por algo me gustan estos perritos es por ese carácter tan fuerte a pesar de lo dulces que son. Y Krispys te lo demuestra cuando quiere y puede, y a veces sólo aunque quiera hacerlo y sabe que no puede. Ni debe, por supuesto. Y a pesar de todo, me encanta que sea así. Y a veces pienso que lo sabe y que así me satisface.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Despertares

Más bien húmedos

Buenos días.
Esto es lo que parece decirme en estas jornadas Krispys. Muy a su manera, por supuesto. Duermo poco pero muy muy profundamente; sin embargo, el peke duerme muy poco y le despierta el inodoro del vecino del quinto, por lo visto. O algún avión aterrizando en Vitoria, que todo puede ser.

El hecho es que estos días, coincidiendo con la gran tormenta de... bueno, no recuerdo exactamente la fecha, decía que después de esta tormenta el peke, temeroso como Ideafix de que el cielo le caiga sobre su cabeza, ha vuelto a dormir conmigo, a ratos, según demuestran los juguetes esparcidos por toda la cama.
Sin embargo, no le basta esta compañía nocturna en la cual se acoge temeroso, satisfecho y revoltoso, ya que cuando decide que ya es la hora de que me prepare para salir a desahogarse  (Krispys ya hace rato que debe de estar aporreando la puerta), comienza con cuidado lamiéndome la oreja izquierda suave pero contumazmente. Y no para, y sigue por la nariz, ojos, pómulos... en fin, que lo que parece un pequeño terrier se convierte en algo realmente... mmmm... cómo decirlo suavemente...¿excitante?
Quienes tenéis perro creo que me comprendéis perfectamente
Y por supuesto logra su objetivo, que no es otro que me levante, tome mi café y de paso le ponga su platito con leche. Entera, naturalmente.
Y después, ya sin necesidad de asearme la cara, salimos y jugamos alegremente (debo puntualizar que el peke mucho más alegremente que yo). Corre, pego patadas a la pelota o lo que me trae para que le lance, como las piñas arrancadas por el viento, y por fin acabamos disfrutando como lo que somos: Dos niños contentos de tenerse y quererse.
Y volvemos a casa, en donde otro café me espera mientras Krispys exige mi presencia con cualquier juguete o peluche en su boca, y volvemos a empezar.

Huy, que se me olvidaba. Hoy le ha dado al señorito por el reciclaje. Os lo pongo como extra:






viernes, 28 de agosto de 2015

Día espantoso

¡ Qué calorazo !
 
Hace un día horrible, tanto como para personas como para animalitos. Sol, calor, mucho calor. Hasta en la sombra terminas agotado. Y agostado. He tenido que partir pronto de casa esta mañana; cuando he regresado, alrededor de las 10,30, nuestra nueva salida conjunta era para desahogarnos los dos: Krispys realizando sus divertidas cabriolas y yo henchido de satisfacción sólo con verle.
 
Pero no, nada de eso ha ocurrido. Rápidamente, tras "desahogarse", ha buscado la sombra, con una lengua que parecía una alfombra, de larga que era. Y yo, yo... apoyadito en una pared, contento de que Krispys no quisiera nada más de la calle. Hemos regresado y esta ha sido su gran postura:
 
 
Y ahí se ha quedado un largo rato mientras yo estaba con mis papeles. Después hemos jugado a ratos, divertidos unos, otros no tanto, hasta que ha llegado la hora de salir, antes de comer.
 
Un cuarto de hora justito, buscando la sombra. Eso sí, siempre con la cabeza muy alta y las orejas más altas todavía,  vigilando que los operarios de una obra cercana no abandonen su puesto para invadir nuestra plaza, en busca de agua de la fuente. Porque si así sucede enseguida se lo prohíbe a ladridos, el muy bandido. Esto hay que corregirlo rápidamente ya que si no pronto sabrá todo kiski cuando salgo y vuelvo a casa.
 
Y ya en casa, haciendo honor a su apodo, "Pataslargas" se ha tumbado en la puerta de la cocina, controlando mis movimientos. Y después de comer me ha dejado por fin echar una reparadora siestecita. Mas en cuanto he movido un pie, ha aparecido con el balón y nos hemos enfrascado en sus juegos.

 
Un día horrible para pisar la calle. Más tarde, cuando el sol esté bajito y no nos humille tanto, nos iremos al parque y lo perderé de vista, ya que se irá a jugar con los niños, correteando sin parar hasta que se vuelvan a su casa.
 
Y yo, muy a mi pesar, estoy casi decidido a madrugar. ¿Por qué? Muy fácil de comprender. Porque cuando lo he bajado por primera vez a eso de las 8,00, mi ínica pena ha sido no corretear detrás suya. Hoy no podía. Tenía prisa  y además no estaba preparado. Tendré que dejar los procesadores en casa y ser señalado nuevamente por el vecindario. Como niños.
 

martes, 25 de agosto de 2015

Primer cumpleaños

Con retraso

 
Un poco tarde, es verdad. El pekeño Krispys cumplió su primer añito este pasado día 19. Creo que es la primera vez que dejamos pasar un cumpleaños de nuestros amigos de una manera muy sutil, pasando por encima, tal vez con... ¿temor? Sí, podría ser.
 
En nuestro devastador recuerdo se encuentran Simón y Lucas (Crispis vivió su ciclo)  y el pánico, al menos el mío, a perder de nuevo a mi gran amigo y compañero, supera cualquier defensa que interponga. ¿Superaría una muerte pronta? No he superado las anteriores, y esta... me callo, porque alguna colleja me llevaría, desde luego.
 
Ni siquiera tuvo sesión de fotos: Desde el móvil y con sus efectos, nada más. Ni tarta, ni pasteles, ni premios... Al menos lo llevé con mi madre y mi hermana, que aplaudieron su llegada y le felicitaron como se merece, sintiéndose feliz, como sólo él sabe demostrar.
 
Lo siento, Krispys, este año no ha podido ser. Con un poquito, sólo un poquito de esfuerzo, celebraremos este año el día que te conocí, como anticipo de tu cumpleaños número 2. Prometido.
 
Porque, ¿qué ha sido este tiempo de convivencia? Dejando aparte fregonas, periódicos y trastadas varias, ha sido una época de entretenimiento y felicidad, con un perro hiperactivo que no te abandona en ningún momento del día (por la noche se desplaza entre sus 6 ó 7 camitas desperdigadas por ahí, o donde haga falta), excepto cuando le miro de reojo y se marcha apenado. Una compañía exigente y hermosa, de total entrega. Tanto, tanto, tanto... que aumenta mi desmedido temor a que desaparezca.
 
Bendito el día que llegaste, Krispys. Felicidades, aunque tarde.

jueves, 13 de agosto de 2015

¡O tú o yo!

Joy


Esta mañana paseábamos por el parque cuando me ha llamado la atención un matrimonio con un yorki y nos hemos acercado el peke y yo.

No les recordaba pero me ha explicado que los perritos se conocieron en este invierno, siendo Krispys un cachorrito pequeñito.

Joy tiene cuatro años y tiene el pelo parecido a Krispys, en la cabeza también. Como no había gente, lo avanzado de la hora, y más que nada para no tener que desenredar las correas a cada momento.

Y claro, han despertado su herencia terrier y que si este árbol es mío... no, mío... y así han comenzado su pelea por ver quién manda. Minutos y minutos así, uno contra el otro, pelea en la que han mantenido las formas y apenas se han gruñido. 
                                                                                                                                                                                            

Han jugado y jugado, aunque era algo más que un juego, y parece que el asunto ha quedado en tablas, aunque yo pienso que Krispys se ha salido con la suya, puesto que Joy ha permanecido con la tripita hacia arriba en varias ocasiones.

En fin, tendremos que encontrarnos más a menudo puesto que lo importante es que todos nos hemos divertido.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           



miércoles, 12 de agosto de 2015

La pelota

Exhausto, pero no vencido




Holaaaaaaaaaaaaaa... Ya he comentado alguna vez la pasión de Krispys por compartir con los demás su juego con la pelotita. Incluso pensaría que es una peligrosa obsesión si no fuera por lo bien que lo pasamos todos, el peke el que más. Y le gusta compartirla y que juguemos con él. Nada de perseguirlo para rescatarla, sino todo lo contrario: la deposita con cuidado en nuestra mano o a nuestros pies.



Va a cumplir un añito, el primero de muchos, y a pesar de una convivencia continua, sigue sorprendiéndome, lo cual le agradezco mucho más de lo que se  imagina e intento devolverle mi alegría, aunque sé que con nuestras mascotas siempre quedaremos cortos en ello.

No hace muchos días no quería acercarse a Óscar y Ana, dos personas extraordinarias que conocieron a Crispis, Simón y Lucas, disfrutando mucho con ellos. Y llegó Krispys, cariñoso como pocos quien sin embargo no quería acercárseles ni obligado. Mas se produjo un gran cambio.

Desde hace pocas fechas, en cuanto nos acercamos a la plaza, Krispys tira de la correa mostrando un tremendo empuje y, claro, lo suelto. Y allí que sale, cabeza agachada y las orejitas hacia atrás. Si ve a Mª Antonia, se le echa encima y la devora a lengüetazos, con pasión, sin vergüenza. Y si Pili está a su lado, también.

Sin embargo, su carrera no ha terminado, y continúa veloz  hasta el otro extremos de la plaza, donde Óscar y Ana disfrutan de un rato agradable sentados en el banco. Porque ahora no es sólo que se les acerque, sino que son sus compañeros de juegos de esos momentos. El motivo de este cambio fue la pelota; cualquier pelota. Una pelota que apasiona al peke y le hace entregarse a la gente para que participen de sus juegos.



Y así pasamos el tiempo. Yo de arrinconado espectador, y los otros tres jugando con la pelotita. Da igual el tiempo transcurrido, Krispys corre y corre tras la pelota para dársela de nuevo y comenzar otra carrera. Por supuesto, se fatiga y su retorno (no la búsqueda) se ralentiza y a veces se detiene un ratito a descansar.


Sin embargo, resurge y continúa con el juego, hasta que por fin llega la hora de retirarnos, con gran alegría por mi parte, porque de nuevo Krispys será mi fiel compañero, compartiendo todos nuestros momentos, y al que no tengo en cuenta para nada estas infidelidades; muy al contrario, me producen una gran alegría.
 
Por cierto: Hay que agradecer a Óscar ser el autor de las fotos y vídeos de esta entrada. Gracias, Óscar.





martes, 4 de agosto de 2015

Las tormentas

¿Miedo Krispys?  ¡Anda ya...!


¿Miedo ante las tormentas como la que tuvimos ayer, de un continuo relampaguear y atronadoras? Nada de eso.

¡Auténtico terror y pavor!

No es la primera vez que sucede; sin embargo, ayer fue terrible. Hasta tuve que quitarme los procesadores  de sonido ya que eran un chasquear incansable. El pekeño primero se escondió en un rinconcito, pero la vista de la luz de los relámpagos, ya que no tengo costumbre ni de bajar persianas ni de correr las cortinas, le aterraba, por las sombras que se proyectaban en las paredes.

Así que, como Krispys es bastante más que espabilado (encantado me tiene), optó por acudir al otro extremo de la habitación y esconderse tras la cortina.


Como podéis ver, no sólo desde ahí se ocultaba de las sombras  impenitentes que le incomodaban, sino que apreciamos su manera un tanto original de taparse los ojos.

Me daba pena, el pobretico, porque la situación se alargaba mucho, así que me lo traje a mi lado, una vez que le construí un pequeño refugio con un cojín, sus juguetes y una toalla. Y vino encantado.


Y al ratito se pegó a mi lado como una lapa, tal vez también efecto del kéfir que estaba comiendo tranquilamente. Me sentía un poco culpable, puesto que al mismo tiempo que deseaba tenerlo a mi lado, encima mía y protegido -que dudo mucho lo hubiese consentido-, por otra parte con esto no iba a solucionar nada, así que la opción seleccionada fue no intervenir y que todo lleve su ritmo.

¿Se acostumbrará a estas tormentas? Seguramente no, aunque todo es posible y con el paso del tiempo no les tema tanto. Las sombras, las oscuras sombras  le aterran. Mordor es implacable.

Os dejo un vídeo de ínfima calidad de parte de lo acontecido. Ya había terminado el primer período, pero se puede apreciar un poquito la magnitud de la tormenta, que vino del Sur esta vez. O del Norte. Yo  qué sé. ¡A fin de cuentas estaba encima nuestra!


Sin embargo, esta mañana ha venido contento, y hemos jugado en la cama durante más de hora y media (lo juro), entre risas, saltos, carreras y... dientes. Como es habitual, se sube sus trastos, y todavía no he descubierto el por qué de su elección, y sospecho que no lo sabré nunca. Os dejo una selección de lo que ha subido; faltan dos o tres cosa que se ha vuelto a llevar. 


Qué juguetón es Krispys, mi niño ¡durante 27 horas al día, por lo menos!





domingo, 19 de julio de 2015

7 de Julio

San Krispýn
 
 

Pues ya pasaron las fiestas de esta famosa ciudad vecina sin que, afortunadamente, hayamos tenido que visitarla excepto un ratito el día 10, y por estricta necesidad.
 
Vamos a ver: Yo huyo de las mismas, así, como suena; sin embargo, llevar a Krispys por Pamplona a ver el "ambiente festivo"  me parece una crueldad e irresponsabilidad innecesaria.
 
Hay que pensar en que la "fiesta" tal y como se vive hoy no es ni mejor ni peor, sino diferente de como la que conocimos generación tras generación, y seguirá transformándose, sin ninguna duda. No obstante, una de las cosas que ha aumentado, es la suciedad; sólo pensar en todo lo que pisaría, lamiendo después sus patitas, y el riesgo cierto de que podría cortarse con uno de los innumerables cristales que permanecen en el suelo por mucho que se limpie, es razón suficiente para no llevar al perrito a conocer sus Sanfermines.
 
 
Por eso posa aquí con aire de desgana, con el pañuelico rojhjo al cuello, con cara triste y resignada, a pesar de estar rodeado de unos cuantos de sus tropecientos juguetes favoritos. No hay más que mirarle para sentir dentro de nuestro ánimo su tristeza por no conocer la fiesta. ¡Pues que se aguante!
 
Bien que viene a mi lado en cuanto escucha un petardo o los fuegos artificiales de la noche. Entonces nada: ni pañuelo, ni collar ni correa. Todo queda para mí porque no hay quien le haga asomar el hocico fuera del portal. ¡Miedica! Lo he dicho en algún otro post y lo repito. ¡Como para asomarnos en el Casco Viejo! El chun-chun de las peñas y el foco de atención que sería para muchos pasados un poco de rosca le haría huir hasta Granollers. Como poco. Y a ver quién le pilla.
 
 
Así que nos hemos quedado en Barañain, paseando cuando este infame calor que nos ha derretido sin compasión nos ha dejado hacerlo, buscando las sombras y la poca brisa que soplaba, y entre carrera y carrera tras la pelota, ha conocido a una nueva amiga, terrier también, comportándose con ella de una manera un tanto inusual en él, ya que en alguna ocasión he comentado (o así lo creo recordar) que no es muy dado a perseguir a las perritas de sexo opuesto para.. bueno... para eso que tanto necesitan por instito. Básico, por otra parte.
 

lunes, 13 de julio de 2015

¡Al agua, Krispys!

La piscina.

Hace unas semanas, cuando tuvimos y sufrimos un calor horrible, recordé la piscinita que cayó a mis pies desde el cielo (literalmente) y me dispuse a instalársela en un rincón de la terraza; al final no fue tan rincón ya que era más grande de lo que la recordaba.

Así que fui a recoger el hinchador eléctrico que había comprado por un muy módico precio y... pues que fue a mí a quien se le hincharon las... arterias del cabreo,  puesto que únicamente tenía conector para el mechero del automóvil.  Así que nada: Pedalada a pedalada conseguí inflar una de las dos bandas que la forman, y para gran satisfacción de mi pierna vi que se trataba de la de arriba, así que a vaciarla y rellenar sofocadamente la otra. ¡Qué calor! ¡¡Qué sudor!!

Por fin, lo acabé, más o menos muerto, y la segunda misión fue acercar a Krispys a su nuevo divertimiento. O así lo pensaba yo. Nuevas y agotadoras carreras detrás del peke, rellenas de sudor y mal genio.


Por fin, lo atrapé y acerqué con mucho cuidadito al borde de  la piscina; había tenido la precaución de poner a flote 3 ó 4 pelotas de ping pong y algún juguetito de goma, pero  si bien no se escapaba, se asomaba al agua con muchísima precaución. ¡Ni que le pidiera que se tirara de un trampolín! 

Hasta que por fin, y a traición, le di un empujoncito en el trasero y no le costó nada remontar el borde contrario y salir escapando, pero no  llegó lejos.


Y así, poco a poco, lo llevé otra vez y, ahora sí, con mucha precaución y sin ninguna prisa, por supuesto, se asomó al agua, acercó los bigotes, las patitas, y entró, chapoteando contento e intentando atrapar, desconcertado, alguna pelota. Debo aclarar que apenas había puesto 5 ó 6 dedos de agua, no vaya a ser que se asustase en demasía.

Más tarde salía y se metía solito. Terminé llenando un poco más su piscina y le tiraba alguna pelota y Krispys se lanzaba de un salto a por ella, chapoteando y salpicando a su alrededor. Y con estas  acciones se resbalaba mucho en el terrazo, lo cual era (y es) un peligro.

Mi siguiente tarea consistió en enseñarle a salir por el mismo sitio (en lo que he fracasado) y secarse, aunque sea las almohadillas y poco más, en una alfombra importada de China. Y muy prontito le pilló el truco, ya que tonto, lo que se dice tonto, no lo es, el muy pìllín.


Ahora, además de tan magnífica alfombra importada, tiene en un lado mi ex-toalla de playa, comprada en Salou hace muchos años y sin apenas uso, y entre una y otra termina bastante seco de sus pezuñitas, aunque no siempre.

Desgraciadamente, he tenido que retirar la piscina porque en estos momentos tiene un corte en el pecho y hasta que no acabe de cicatrizarle bien es  preferible que no se moje la herida, que le ha crecido bastante durante sus "varoniles" juegos con Kayser, ya que cada día se le abría y crecía un poquito más. Así que ahora también hemos tomado la precaución de que no se acerque a Kayser hasta su completa curación, y un poco más de tiempo, mejor.

Y después, ¡vuelta a la piscina!

miércoles, 1 de julio de 2015

Krispys en la playa

Hendaya

El mes pasado estuvimos en la playa, en Hendaya. Quería enseñársela y ver su comportamiento antes de que comenzase  la temporada. Y por fin fueron Inma y Javier quienes me empujaron a ir en un día que  prometía estar nublado y que resultó radiante de sol. También queríamos sacar unas fotos y en eso no fallamos. Dichosa fotografía digital: ¡Cerca de 500 entre los tres!

Tras un viaje tranquilo y sin incidentes, desembarcamos en el tramo final de la playa, en su último acceso. Y allí salió Krispys corriendo por la arena y rebozándose como una croqueta (Pepe y Sagrario dixerunt), feliz  y revoltoso.


Continuamos nuestra caminata entre click y click, porque la playa es kilométrica, sin encontrarnos apenas con gente paseando y tomando el sol. Olas pequeñas y una brisa muy agradable. "Por si acaso" me coloqué la banda protectora, y cumplió eficazmente  su labor.

El peke se acercaba al agua con mucha desconfianza, como diciendo que sí , que no se la íbamos a dar esta vez, y se alejaba de nuevo a olfatear y corretear sin fin.


Pero como no puede parar quieto sin enredar a los demás con sus juegos (algo que agradezco enormemente), eligió sus juguetes, 100% ecológicos: Los palos y maderos que la marea le dejó esperando sobre la arena. El pez muerto me hizo correr para alejarle a limpio grito del mismo antes de que lo estrujara entre vuelta y vuelta (¡marrano!). Así que entre los tres fuimos partícipes de sus carreras y alegría.


Pero claro, la idea era comprobar el comportamiento de Krispys con el agua, ya que Simón se tiraba corriendo y de cabeza a las olas en cuanto veía el mar, mientras que Crispis lo más cerca que se acercaba era el límite de la arena mojada por las olas. Como mucho. Y poco a poco, cautelosamente, fue aproximándose cada vez más, evitándonos siempre que nos sorprendía acercándonos por su espalda para darle un empujón.



Y por fin vimos la luz, y creo que fue Inma quien descubrió la manera  de hacerlo. Cogió un palo y se lo tiró más allá de las olas, ante el desconsuelo y disgusto de Krispys. Pero menudo es cuando se trata de defender y recuperar lo suyo. No le costó nada meterse en el agua para lograr su objetivo: un madero o palo a la deriva. Y como siempre, cuando le gusta algo, lo depositaba a nuestros pies para relanzar el juego.


Corría, se zambullía y nadaba; atrapaba el madero y lo traía de nuevo, llevándose más de un revolcón en las  olas; si hubiesen sido mayores... no sé, tal vez no lo habría logrado. Sin embargo, ahora que le ha perdido el miedo, creo que lo volvería a hacer. Estuvimos un largo rato así, y no se dio por vencido ninguna vez en sus intentos.


Por fin llegó la hora de marcharnos, no sin que antes jugara con una perrita corriendo y corriendo, permitiéndome platicar un petit peu con su dueña. Ya casi ni me acuerdo ni cómo se  pronuncia el idioma... ufff....

Abandonamos la playa, comimos junto al camping, a la sombra, donde Javier e Inma tuvieron un agradable encuentro (pequeño que es el mundo), y regresamos, con la firme determinación de volver algún día más adelante (julio y agosto no, ya que la proximidad a la frontera es un colapso de tráfico terrible) y repetir las zambullidas, y espero que sean conjuntas esta vez.