miércoles, 29 de abril de 2015

Leo

Wapo, simpático y paciente, muy paciente

Este es Leo. Leo es un pastor alemán de 4 años. Krispys lo conoció en una de sus primeras salidas de casa y fue uno de los primeros perritos que tuvo la suerte de conocer.

Y digo "suerte", y a pesar de ello creo que me quedo corto. Krispys le adora: En cuanto le ve, gime de alegría y se revuelve como un loco para que le deje ir a su lado. Y, claro, no tengo más remedio. Además, a mí me gusta verles juntos a los dos, jugando, o como lo queramos llamar;  y cuando veáis el vídeo lo comprenderéis.

Lo que me pena es que el que grabé ayer (o antes de ayer) no se guardó. Intentaré captarlos nuevamente en esa actitud para que sintáis lo que es jugar entre perritos; el extremo cuidado de Leo para moverse y no hacer daño al cascabelillo en que Krispys se convierte en esos momentos.



Porque Leo es así: Cariñoso y sumamente afable, paciente: Ni un mal gesto, ni un gruñido, ni un descuidado pisotón, a pesar de que motivos y ocasiones le da el peke.

Uno de sus grandes amigos, sin duda, y ojalá podamos los demás gozar de esta amistad durante mucho tiempo, y seguir disfrutando de las cabriolas del uno y de la gran paciencia del otro.

Por ellos, por su amistad, por sus juegos





viernes, 24 de abril de 2015

En la selva...

... pero cerquita de casa

Ya os contaba recientemente que a Krispys le encantaban las flores. No, encantar no es la palabra indicada. En realidad le gustan; sin aceite ni ajo. En crudo, sin importar tamaño ni color. Y la hierba. Y las ramitas. Todo un depredador vegetal.

Enfrente de casa tenemos campos de trigo y cebada por los que alguna vez corretea, y si sigue así le voy a tener que poner una banderita para localizarlo cuando crezcan más los cultivos. Aunque también él ha pegado un estirón estos días.

Y las plazas a derecha e izquierda de casa estaban en pleno apogeo primaveral, verdes, salvajes, con margaritas y otras flores amarillas que se escondían al atardecer para resurgir brillantes a media mañana, cuando el sol triunfaba sobre Mordor.

Y Krispys feliz. Correteando de montoncito en montoncito de hierba, saciando su apetito primaveral con cualquier flor que pudiera pillar, una y otra vez, goloso y contento, sin ver un horizonte rodeado de praderas casi impenetrables para su tamaño.

Entonces metí la pata. Sí, yo. Otra vez, como siempre. Se me ocurrió mencionar en cierta página de Facebook, espiada por nuestros representantes municipales (espiar es la palabra que mejor define su presencia oculta y anónima, como si no supiéramos que están ahí, expectantes y furiosos), que Krispys y yo disfrutábamos mucho con esta situación, ya que nos evitaba escaparnos al campo.

¿Y qué ha pasado? Pues que uno de esos "ojeadores" que no debe apreciarnos mucho ordenó que desde primera hora de la mañana siguiente se cortara a ras de suelo y se recogiera la hierba de todas las plazas, dejándonos con las ganas y a la vista de una policía que en estos últimos días ha dado más de tres veces muestras de estar acechando, en nuestra caza y captura, y pillarnos cuando le dejo corretear libremente por aquí. No lo han conseguido. Todavía no.

Y le han fastidiado al perrito. Ya no hay flores ni crecerán.

¿Se deberá tan pueril actitud a que dentro de nada son las elecciones locales? ¿Se habrán molestado al ver esta foto, que otra beriniainesa la comparó con estar en la Selva de Irati? ¿Serán cazurros?

No importa, ya que tanto como Krispys como yo vamos a salir ganando con esta situación: Lo subiré al coche (porque él no trepará voluntariamente al mismo) y nos iremos a pasear por las cercanías, disfrutando de flores, hierba, sombras y árboles. Espero que no le de por perseguir lagartijas, porque a los mirlos de por aquí los tiene fritos.

jueves, 16 de abril de 2015

Lucho

¡Que me lo como! 


Lucho es un gran amigo. Es el perrito de Pili. A pesar de su impaciencia, tiene que demostrar cada día que su paciencia no tiene límites.

Primero con Simón, que le perseguía como un perro pastor para traerlo de nuevo junto a nosotros.

Más tarde, Lucas también comenzó a traérnoslo aunque acabó persiguiéndole a toda velocidad con el objetivo de morderle una y otra vez la cola. Y lo malo es que lo conseguía. También es verdad que de vez en cuando se llevaba un buen zapateado por parte de nuestro protagonista de hoy.

Ahora, es Krispys quien le da la tarde. Pero no le persigue no. Para nada. Es bastante más zorro que todo eso. Tengo que aclarar que Lucho tiene unos prontos que...  ¡buenooooooo!... En cuanto ve pasar una bici, alguien corriendo o simplemente una persona cuya vista no le agrada, sale raudo y ladrador hacia ellos. No muerde, para nada, pero sí que asusta. Y ya no tiene remedio. Da más de un susto y algún día no sé qué pasará.

Pero es muy alegre y cariñoso, que es lo que cuenta.


En cuanto le ve, Krispys prepara su estrategia para incordiarle, y no pierde mucho tiempo en ello. Rápidamente se le acerca con no muy buenas intenciones.


Salta a su hocico y estira sus bigotes una y otra vez, una y otra vez, sin descanso. Derecha, izquierda, arriba, abajo, como sea.


Se ve que le gusta y disfruta con ello, pues ya le veis relamiéndose pensando en la siguiente acometida. ¡Pobrecito Lucho!


Aquí se ve a Lucho mirándole de reojo y pensando cuál será su próxima acción: Escaparse para otro lado, con el pelma detrás, hacerle frente o, mejor todavía, algo que no ha efectuado mucho por ahora, utilizar a Krispys como suelo de uno de sus famosos zapateados y arrastrarle un ratito. No importa, sabe que volverá una y otra vez hasta que se aburra, el peke, y se vaya a tomar viento fresco.


Y así día tras día, todas las veces que se encuentran. Krispys también tiene otro compinche al que asaltar sus bigotes: Leo, pero quedará para otro día.





viernes, 10 de abril de 2015

Boli

Mi entrañable amigo

Este es Boliche, "Boli" para los amigos. Es casi el más veterano de la familia. Es el perrito de María Antonia, y su madre fue Lula, de la que sólo escucho elogios.

Boli está mayor: Tiene diabetes y a causa de ello ha quedado casi ciego; le tienen que pinchar todos los días y además hay que tener cuidado con su alimentación. A pesar del mimo que pone María Antonia y de sus permanentes cuidados, la situación es complicada.

Es el amiguete al que más respeto tengo; en cuanto me acerco por sorpresa, me suelta un ladrido que me deja como a Chumari, pero sólo por un ratito (menos mal). Pero no lo tengo miedo, es un buenazo. Es sólo su forma de defenderse ante un desconocido: el que avisa, no es traidor, aunque más vale que su contrincante no sea picajosillo.

Es tranquilote, y nos sigue, unas veces bien y otras más despacito y despistado, pero no se lo tengo en cuenta, así como que tampoco quiera jugar conmigo.

Lo que me tranquiliza es que cuando tenga su edad todos me cuidarán tan bien como a Boli, y estaré contento, disimulando como pueda mi artritis y otros pesares ya que, como él, no querré ver sufrir a mis amitos.

Boli sabe que le acompañaremos con alegría, y también pesar, hasta que llegue el momento de la despedida. Y se marchará tranquilo, sabiendo que nos deja a Lucho y a mí cuidando de María Antonia, exprimiendo toda nuestra energía para ello, ya que proteger a Pili y a Chumari de sus meteduras de pata y tonterías ya nos cuesta bastante trabajo.

No importa, lo haremos contentos y Boli nos lo agradecerá, seguro, esté donde esté.

miércoles, 8 de abril de 2015

Las flores

Nada por aquí...

Hoy ha tenido un día movidito: No ha parado nada nada nada... Bueno, ahora sí. Lo tengo ahí tirado, detrás, esperando su momento para tomarme al asalto, una y otra vez.

A la mañana, un terremoto peludo, corre que te corre. Y a mediodía, las fotos las he tomado en períodos de meditación, rodeado de flores, saltando y revolviéndose, jugando con Roko... disfrutando.

Nada por allá... 

Rodeado de margaritas y estas otras florecillas silvestres amarillas, calculaba con placer cuál sería su próximo movimiento. Tampoco me hacía gracia estar quieto porque, aunque luce el sol, hacía un frío de mil diablos gracias a nuestro gélido cierzo, tan insolente en Barañain.

¡Esta es la mía!

Y por fin ha sacado su vena más romántica: Se ha decidido por las amarillas, que debían tener mejor olor y saborcito. Una tras otra, 4 ó 5 le han dado un toque primaveral a su estómago. No se lo he impedido porque se le veía satisfecho y porque todavía no han abonado la hierba, por supuesto. No obstante, a la hora de comer ha mostrado más deferencia al muslo de conejo.

Y a la tarde... ufff... De 18 a 21 horas no ha parado, para nada. Bueno, sí, un par de veces a beber agua. Nada más salir se ha encontrado con Romeo, un bichón maltés con tantas ganas de juerga o más que Krispys, y ya cuando se iba han aparecido Maite y Paula, y ahí han estado los tres con la pelotita.

Al final, con el frío y vendaval reinante, no he tenido más remedio que encarar la ruta del parque porque apenas había levantado la patita en toda la tarde, y no quiero "disgustos" por la mañana, al levantarme.

Además, mañana nos vamos a Pamplona. A ver qué tal se nos da el día.


sábado, 4 de abril de 2015

¿Ping pong?

¡Pim, Pam, Pum!

En la tarde de ayer, aprovechando el solecito que hoy ha vuelto a ser sustituido por las nubes y el txirimiri, aprovechamos para jugar a "nuestro ping pong" en la terraza. Yo jugaba haciendo trampas, ya que el vendaval que soplaba estaba claramente a mi favor.

Y allí estuvo Krispys dale que te pego, arriba... abajo... detrás de unas pelotitas a las que el aire impulsaba de una manera más bien errática. Da igual, nos lo pasamos en grande.

Incansable, porque después de tomarme un cafelito, siguió en la plaza con la pelota de tenis corriendo y trotando de la forma que sólo el sabe y admiramos tanto.

Y acabamos la tarde, junto con mis compañeros de perrerías, dando una batida por los alrededores buscando a un anciano que no había regresado a su casa. Afortunadamente, por fin regresó por su propio pie y solo. No sé dónde se habría ocultado, el pobre.

Colaboración total con la Policía Municipal, repartiéndonos zonas a examinar, lo que espero nos haga ganar puntos cuando aparezcan de vez en cuando, sorprendiéndonos con los perritos sueltos y nos regañen. Crucemos los dedos


viernes, 3 de abril de 2015

Deportes

El tenis es lo suyo

A pesar de este aspecto tranquilo, reposado, placentero, de "bon vivant", nos ha salido un impenitente korrikolari: En cuanto capta un papel, hoja, o cualquier objeto arrastrado por este viento tan intenso que "disfrutamos" por Barañain, un resorte le lanza a toda velocidad y lo atrapa; si no es a la primera, a la decimoctava; pero no se le escapa.

Y sus grandes pasiones son el ping pong, el fútbol y el tenis, dejando de lado los intensos y recurrentes saltos nocturnos utilizándome como cama elástica.

Y cotorrear a los pájaros que no puede alcanzar.
Bueno, sí, ayer alcanzó uno muerto y hubo que perseguirle y amenazarle hasta que soltó al pobre.

El ping pong le encanta, porque consigue atrapar y meterse la pelota en la boca y también, si le  da la gana, le da palmetazos lanzándolas de un lado a otro, terminando inevitablemente su recorrido bajo el sofá, en donde podremos encontrar con facilidad una decena de pelotitas.

Pero con la de tenis... Uf, es terrible. Se ve que quiere ganarse un puesto de recogepelotas en el Grand Slam, y ensaya sin descanso para ello. Comenzó conmigo, siguió con María Antonia, Maite se lo llevó y se lo lleva en cuanto aparece, pero ha elegido por fin, para ser profesional, a un gran entrenador: José Antonio, que se desvive por enseñarle muchas tácticas de las que, casi siempre, gracias a los grandes reflejos y sabiduría del peke, sale airoso.

video



Corre, salta, amaga, pero siempre vuelve con la pelota en la boca, eligiendo con descaro quien se la va a tirar de nuevo: José Antonio, cómo no, y yo el último mono: Me desprecia, me ignora, no quiere que se la lance yo... buaaaaaaaaaahhhhh!!!

Mal bicho. Más tarde, en casa, sí que quiere, y alguna vez  se sale con la suya, pero sus clases particulares son con José Antonio. Y más vale que son gratis. Y también pongo en ellas la esperanza de que pierda alguna vez los dos colmillos de leche que le sobran en la mandíbula superior y que me agujerean la piel a la mínima.

El espontáneo es Lucho, del que hablaré otro día. Y la frenética que se oye de fondo es Pili, su mamá, que sabía que se estaba grabando también. O sea, dos espontáneos.