viernes, 3 de abril de 2015

Deportes

El tenis es lo suyo

A pesar de este aspecto tranquilo, reposado, placentero, de "bon vivant", nos ha salido un impenitente korrikolari: En cuanto capta un papel, hoja, o cualquier objeto arrastrado por este viento tan intenso que "disfrutamos" por Barañain, un resorte le lanza a toda velocidad y lo atrapa; si no es a la primera, a la decimoctava; pero no se le escapa.

Y sus grandes pasiones son el ping pong, el fútbol y el tenis, dejando de lado los intensos y recurrentes saltos nocturnos utilizándome como cama elástica.

Y cotorrear a los pájaros que no puede alcanzar.
Bueno, sí, ayer alcanzó uno muerto y hubo que perseguirle y amenazarle hasta que soltó al pobre.

El ping pong le encanta, porque consigue atrapar y meterse la pelota en la boca y también, si le  da la gana, le da palmetazos lanzándolas de un lado a otro, terminando inevitablemente su recorrido bajo el sofá, en donde podremos encontrar con facilidad una decena de pelotitas.

Pero con la de tenis... Uf, es terrible. Se ve que quiere ganarse un puesto de recogepelotas en el Grand Slam, y ensaya sin descanso para ello. Comenzó conmigo, siguió con María Antonia, Maite se lo llevó y se lo lleva en cuanto aparece, pero ha elegido por fin, para ser profesional, a un gran entrenador: José Antonio, que se desvive por enseñarle muchas tácticas de las que, casi siempre, gracias a los grandes reflejos y sabiduría del peke, sale airoso.

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Corre, salta, amaga, pero siempre vuelve con la pelota en la boca, eligiendo con descaro quien se la va a tirar de nuevo: José Antonio, cómo no, y yo el último mono: Me desprecia, me ignora, no quiere que se la lance yo... buaaaaaaaaaahhhhh!!!

Mal bicho. Más tarde, en casa, sí que quiere, y alguna vez  se sale con la suya, pero sus clases particulares son con José Antonio. Y más vale que son gratis. Y también pongo en ellas la esperanza de que pierda alguna vez los dos colmillos de leche que le sobran en la mandíbula superior y que me agujerean la piel a la mínima.

El espontáneo es Lucho, del que hablaré otro día. Y la frenética que se oye de fondo es Pili, su mamá, que sabía que se estaba grabando también. O sea, dos espontáneos.


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