martes, 5 de julio de 2016

Krispys en el restaurante

Qué bien se ha portado.
Bueno, casi 
 
Hoy se han pasado mis sobrinos y mi hermana (aunque se han ido, ejem, sin la paga para San Fermín) por casa y hemos decidido ir a comer al Good Food, un lugar de gran éxito sito en nuestro Polígono Industrial, en el que pagando la bebida adquieres el derecho, que no obligación, de pedir tres platos a 1 € cada uno,  con lo que se llena de gente, sobre todo trabajadores, gente joven, jubilados (se come mejor que en sus centros), otros que están disfrutando en la piscina de al lado y salen a tomarse un aperitivo o comer también, y ociosos como nosotros. Abierto ininterrumpidamente todo el día.
 
Comenzaron en un local grande, muy grande, cerrado, y al poco tiempo construyeron otro cerrado más pequeño en el exterior. Poco más tarde, dado el gran éxito (es un Polígono Industrial pequeño, casi desierto, donde se puede aparcar sin problemas y además sin zonz azul) comenzaron a llenar las aceras de mesas y bancos de madera, protegidos de techumbre también de madera, y en este tiempo acostumbra a estar lleno. Y, además, puedes llevar a tu perrito o tu perrazo sin problemas en el exterior, aunque ya sabemos que es mejor preguntar a los de al lado, por si acaso.
 
Y así, después de darle de comer en casa a Krispys, lo que ha dado lugar a una graciosa anécdota que quedará en familia de por vida (me parto de risa, qué malo soy) hemos ido para allí. El peke ya se ha olido  la visita, porque había que verlo salir.
 
Mientras pedían (es un autoservicio, casi) yo he ido a apropiarme de una mesa, acompañado de Krispys. He elegido una para que mis sobris... ejem... disfrutaran un poco más, y mientras daba ese giro a la izquierda que tan bien se me da para sujetar al peke a la mesa, me he caído todo  lo largo que soy (1,75 cm no mucho) sobre unos arbustos que ya no levantarán mucho, mientras que el mp7 derecho ha salido volando.
 
Inmediatamente he sido ayudado por las jóvenes de al lado, mientras me carcajeaba y toquisqui me miraba pensando que estoy como una cabra, sin saber que están en lo cierto. Bueno, todos no, porque Krispys se ha alejado todo lo que daba de sí la correa. ¡Menuda ayuda!
 
Por fin hemos comido y tras un intento de pedir parte del menú se ha sentado y tumbado, dejándonos comer en paz, como debe ser. Menos unos momentos en que otro perrito se ha situado en la mesa de delante, y los dos se querían aproximar amigablemente, brrr...
 
Un local en el que al menos, aunque sea en la calle, te dejan comer con tu perro al lado, algo que no se da por aquí. Esperemos que poco a poco se vaya extendiendo la práctica y podamos ir a cualquier restaurante, bar, hotel, etc, con nuestros queridos compañeros, en mi opinión más educados que mucho niño suelto. Todo llegará. Y hasta pondrán menú y agua para ellos, si ven negocio. Tiempo al tiempo.

 
 

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