miércoles, 3 de agosto de 2016

Triste fin para una divertida etapa

AARÓN
 
Ayer fue una tarde triste. Nos enteramos de que Aarón había fallecido. Nuestro simpático Whesti tenía 16 años, casi 17. Sin embargo, puedo imaginar cómo estará Rosa, su querida mamá y su gran amiga, porque también le echo de menos. En realidad somos muchos quienes hoy  estamos percibiendo su ausencia a pesar de no haberle visto hace tiempo.
 
Llegó a nuestro Parque, que pronto también fue el suyo, bien recibido y aceptado por la multitud de peluditos que se juntaban para pasear alegremente con nosotros, libres y contentos. Risas, ladridos, carreras, pelotas, gruñidos... eran nuestros inseparables compañeros. Luego también venía de vez en cuando Igor, bien tieso, pero éste no era muy bien recibido, sino todo lo contrario.
 
Rápidamente ganó nuestro aprecio, y junto con él, conocimos a Rosa, una persona extraordinaria. Aarón, ágil, escarbó un huequecito en su corazón y rápidamente se hizo su dueño. No era para menos. Amigos, padres, familia, en particular sus sobrinos, han disfrutado con Aarón a lo largo de estos 16 años, puesto que era un compañero de aventuras cariñoso e infatigable. A veces un poco gruñón, como terrier que ha sido.
 
Tenían sus días de fiesta, pero también se quedaba guardando la casa, lo que no le importaba, porque era su hogar, su rinconcito íntimo compartido con Rosa. Y no se aburría: cuando le apetecía, ¡ale, a ponerse al día! A ver una peli, emocionándose.
 

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Una vida normal entre los que frecuentaban el parque con sus 4 patitas. Una vida tranquila, junto con algún sobresalto, como aquella noche en que Rosa se jugó el físico sacándole de las fauces del infame Thor, mientras yo me quedaba cojo, grrrr. Qué duros tienen algunos perros los... esto... duros, eso es. No obstante, la tranquilidad era la compañía habitual. Algunos se estarán riendo, yo incluido. Y Rosa también. Y me parece que la gorrita no era de su agrado. No mucho, pero...
 
Y su vida agradable, en estos últimos años se transformó. No por ello  se entristeció. Al contrario. Primero Cong y después Qing llegaron a su casa, y Aarón se convirtió en un referente que les ayudó mucho en un cambio de costumbres tan drástico, vigilando para que estuvieran seguros y contentos, convirtiéndose en el whesti terrier de la familia, atento a cualquier gesto o llamada. 

Pero los años no pasan en balde , y después, con unos cuantos añitos más,  Aarón tenía que reposar y aprovechaba mientras ellos también lo hacían. Ya habría tiempo de correr y jugar al despertarse, juntos de nuevo. Una gran familia, de verdad, y estoy, estamos, orgullosos de conocerla y ser sus amigos sabiendo que la vida nos ha llevado por distintos caminos, como era de esperar. Ya más adelante, los niños han sido responsables y cariñosos, y qué mejor forma de agradecerle a su querido Aarón todas las vigilias pasadas anteriormente que ser ellos, ya mayorcitos, quienes cuidaran de que los suspiros soñadores de Aarón no se vieran interrumpidos. 

Hay cosas que no deseo ni debo pasar por alto.  Con la muerte (y el renacer) de Aarón termina una etapa. Una etapa muy agradable y divertida, peleas aparte. Divertida he dicho, ya que a mí no me afectaban mucho, a no ser de agujetas en la tripa de tanto reírme. Me explico. Aarón y Danú eran muy grandes amigos. Paseaban, corrían, se disputaban algunas cosas.   

En fin, que daban vueltas y vueltas al Parque junto con Rosa y también con Josetxo, ambos despreocupados (bueno, Josetxo no tanto), entre risas y disfrutando de la compañía de sus perritos. Pero llegaba un momento... un momento trascendental que rompía esta armonía. Tras 2, 4, 12, 147 vueltas, las que fueran, llegaba el momento de marcharse a casa, y no sabemos por qué, no supimos adivinarlo, estos pekes se convertían en feroces terriers y en el último recodo, adivinando la despedida, se tiraban el uno contra el otro, con Rosa y Josetxo haciendo malabares para separarlos; la fiereza de Danú contra la agilidad de Aarón, y Crispis y yo observando la escena tan tranquilos. Un día y otro. Yo, como espectador, me lo pasaba en grande.
 
Y he mencionado a Crispis. Y no he podido dejar de hacerlo porque junto con Aarón y Danú fueron, durante muchos años, el trío que gobernó a su antojo la admisión en el Parque de otros perros, grandes y pequeños, por las buenas o por las malas. Daba igual. Y no es por tirarme flores, pero quien dirigía todo era mi apreciado Crispis, jejeeee... Desgraciadamente, no era la época de smartphones, móviles con cámaras y todas esas cosas, y que yo sepa, no hay ninguna foto en la que estemos juntos los 6, o al menos yo no la poseo.  

Fueron años divertidos, años entrañables. Luego vinieron los tristes, las despedidas, y ayer por partida doble porque con Aarón se apaga la última llama de estos años. Sin embargo, la oscuridad no nos domina ni dominará ya que por ahí, en algún lugar, tres peludines nos vigilan y comentan entre risas nuestro día a día, tres pekeños que nos esperan, que con paciencia nos recibirán uno a uno hasta que por fin, un día, los seis paseemos de nuevo juntos.

Y una mención especial para Iker. En estos últimos tiempos ha sido el amigo entrañable de  Aarón, y eso que durante todos estos años, desde su niñez hasta su último aliento, fue un gran compañero de sus  juegos; excepcional.  Lo ha cuidado, arropado; lo ha mimado y ha estado pendiente de todas sus necesidades. Más incluso. Aarón lo sabe y siempre le recordará, no sólo con alegría sino también con un amor infinito, un agradecimiento sin fin que plasmará velándole cada día que transcurra, para que nada malo suceda a Iker. Iker lo tendrá presente y lo echará de menos, por supuesto. Hasta el día del feliz reencuentro en que nuestro whesti acudirá a recibirle con sus orejitas hacia atrás y caracoleando.
 
Mientras tanto, Rosa también lo echará de menos, y algunas lágrimas brotarán espontáneamente de sus ojos al  mirar su rinconcito vacío y recordar a Aarón; lágrimas que no se le escaparán, sino que libremente reflejarán su alegría por haber sido compañeros durante estos casi 17 años de felicidad, 17 años de vida, 17 años de mutuo cariño.
 
 
Por Aarón. Por Danú. Por Crispis.
Estén donde estén, hoy ya juntos de nuevo e intentando con su energía que Rosa recobre la alegría.
 

 
 
 
 
 
 


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